La seguridad laboral no se basa solo en cumplir la normativa. Va mucho más allá de ponerse un casco o llevar guantes.
La verdadera protección está en entender qué riesgos existen (incluso los que no se ven) y en actuar antes de que sea tarde.
Sin embargo, aún hoy, muchos Equipos de Protección Individual (EPI) siguen siendo ignorados o subestimados. No porque no sean eficaces, sino porque no siempre se perciben como “imprescindibles”.
En este artículo, desmontamos las excusas más comunes, analizamos los efectos de no usar correctamente ciertos EPI y repasamos ejemplos reales de equipos que suelen pasar desapercibidos…
¿Por qué hay EPI que se siguen considerando “opcionales”?
El desconocimiento, la rutina y la falta de formación práctica hacen que muchos trabajadores y empresas subestimen ciertos riesgos laborales.
Esto da lugar a que algunos EPI se vean como “recomendables” pero no “necesarios”.
Veamos por qué ocurre.
Creencias erróneas demasiado comunes:
- “Esto nunca pasa”: La falsa sensación de seguridad tras años sin incidentes lleva a pensar que un accidente no ocurrirá “a mí”.
- “Es incómodo” o “me molesta para trabajar”: Muchos EPI mal seleccionados o de baja calidad generan incomodidad real, lo que lleva a su abandono. Pero el problema no es el EPI, sino la elección incorrecta.
- “Solo es un momento”: El pensamiento de que una tarea rápida no necesita protección es uno de los errores más peligrosos.
- “Siempre lo he hecho así”: Las rutinas arraigadas sin revisión de riesgos son uno de los mayores enemigos de la prevención.
Otros factores que influyen:
- Riesgos invisibles o acumulativos: Como el ruido, el polvo fino o las vibraciones, que no provocan daños inmediatos pero sí efectos irreversibles a largo plazo.
- Presión del ritmo de trabajo: En sectores como la logística, la industria o la hostelería, las prisas pueden hacer que se obvien pasos de protección por “ganar tiempo”.
- Falta de supervisión o seguimiento: Si no se vigila el uso correcto de los EPI y no se explica su importancia práctica, el mensaje preventivo pierde fuerza.
El problema no está en el EPI, sino en cómo lo percibimos. Cambiar esa percepción es clave para una verdadera cultura de seguridad.
Consecuencias reales de no usar (o usar mal) un EPI
El riesgo de no usar un EPI no siempre se manifiesta con un accidente de trabajo inmediato. ¿Has oído hablar de las enfermedades laborales? En muchos casos, los efectos aparecen de forma progresiva y cuando ya no hay vuelta atrás. Esto hace aún más peligroso ignorarlos.
Algunos ejemplos más habituales de lo que deberían:
- Pérdida auditiva irreversible por exposición constante a ruidos sin protección.
- Fatiga crónica o dolores musculoesqueléticos tras años usando calzado inadecuado.
- Problemas oculares por pequeñas partículas o vapores acumulados sin protección visual.
- Irritaciones dérmicas, quemaduras o cortes por uso de guantes inadecuados o ausencia total.
- Contaminación cruzada en entornos sanitarios o alimentarios por descuidos “menores” como no usar manguitos, delantales o cofias.
No se trata solo de proteger la salud. Las consecuencias también afectan al rendimiento, la productividad y los costes de empresa: bajas médicas, rotación de personal, accidentes que podían haberse evitado y sanciones en caso de inspección.
Lo que parece un detalle puede convertirse en un problema grave.
Ejemplos de EPI que suelen infravalorarse pero en realidad son indispensables
A continuación, repasamos algunos de los EPI más comúnmente ignorados o mal usados en distintos sectores. Equipos que muchas veces no se perciben como “necesarios” pero que tienen un papel fundamental en la seguridad laboral:
- Por qué se infravaloran: Solo se usan en tareas muy ruidosas o cuando “molesta el sonido”.
- El riesgo real: El daño auditivo es acumulativo e irreversible. No hay aviso ni síntomas hasta que ya es tarde.
- Qué hacer: Elegir protectores pasivos o activos según nivel de ruido. Promover su uso diario en entornos industriales, talleres, mantenimiento o limpieza urbana.
- Por qué se infravaloran: “No hay riesgo de impacto directo” o “las llevo colgadas por si acaso”.
- El riesgo real: Partículas, polvo, vapores o líquidos pueden dañar gravemente la córnea en segundos.
- Qué hacer: Usar gafas cerradas o pantallas según tipo de exposición. Compatibles con mascarillas y cascos. Ligereza y comodidad aumentan su uso real.
Calzado antifatiga o ergonómico
- Por qué se infravaloran: “Es solo calzado”, se elige por estética o precio.
- El riesgo real: Dolores articulares, lesiones en rodillas, sobrecargas musculares por turnos prolongados.
- Qué hacer: Apostar por modelos con buena amortiguación, suela ergonómica, materiales transpirables y certificación. Mejora la salud postural y la energía del trabajador.
- Por qué se infravaloran: Se usan guantes genéricos o lo que haya disponible.
- El riesgo real: Un guante no adaptado puede romperse ante productos químicos, no proteger contra cortes o transmitir el calor de forma directa.
- Qué hacer: Analizar el riesgo por tarea y elegir el guante adecuado: químico, térmico, mecánico, anticorte o dieléctrico.
- Por qué se infravalora: En tareas diurnas o “entornos seguros”, se sustituye por ropa no certificada.
- El riesgo real: Atropellos, accidentes por baja visibilidad en obras, mantenimiento vial, logística o zonas comunes.
- Qué hacer: Incluir prendas de alta visibilidad como parte del uniforme diario, especialmente en exteriores o zonas con tráfico de maquinaria.
Otros EPI menos visibles pero clave
- Manguitos, delantales, cofias, cubrecalzado: esenciales en entornos como la industria alimentaria o sanitaria. Previenen contaminación cruzada, mantienen la higiene y protegen frente a salpicaduras o fluidos.
Recuerda, la seguridad no solo depende del casco y el arnés. Los EPI “pequeños” son de una “gran” ayuda para garantizar una protección real.
¿Cómo revertir esta cultura de infravaloración del EPI?

Cambiar la percepción y el uso real de estos EPI pasa por una combinación de estrategia preventiva, formación práctica y diálogo con el trabajador.
¿Vemos las claves para una transformación real?
- Formación realista y basada en casos prácticos: Mostrar las consecuencias reales de no usar ciertos EPI, con ejemplos visuales, datos y simulaciones.
- Supervisión activa, no solo documental: El papel del mando intermedio es esencial para reforzar el uso diario de los EPI.
- Ofrecer EPI cómodos, ergonómicos y adaptados: Cuanto más fácil de usar, más uso real. La elección del EPI debe tener en cuenta el feedback del trabajador.
- Escuchar al equipo: Permitir sugerencias sobre mejora de materiales, ajustes o molestias. Esto mejora la aceptación.
- Fomentar una cultura preventiva integrada: No se trata de cumplir para evitar sanciones, sino de entender que protegerse es trabajar mejor, más tiempo y con menos riesgos.
La esencia de todo esto no está solo en los equipos, sino en cómo los integramos en la rutina diaria. La cultura preventiva es el mejor EPI colectivo que puede tener una empresa.
La protección no siempre tiene forma de casco. A veces es un par de guantes específicos, una gafa olvidada o un calzado que reduce la fatiga tras 10 horas de trabajo. Subestimar estos elementos es subestimar los riesgos reales que existen en cualquier entorno profesional.
En ITURRI llevamos más de 75 años protegiendo a las personas en su entorno laboral. Sabemos que cada detalle importa y por eso ofrecemos soluciones integrales en EPI que se adaptan a cada necesidad, a cada tarea y a cada trabajador.
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