En cualquier estrategia de seguridad laboral hay un concepto que no se puede pasar por alto: el riesgo laboral grave e inminente.
Este tipo de situación, además de poner en peligro la integridad física del trabajador, también exige una respuesta inmediata, clara y eficaz por parte de la empresa.
Saber identificarlo, comunicarlo y actuar correctamente puede suponer la diferencia entre un susto y una tragedia.
En este artículo te explicamos qué significa este tipo de riesgo, qué dice la ley al respecto, cómo deben actuar tanto los trabajadores como la empresa y qué papel juegan los EPI en su prevención y control.
¿Qué significa un riesgo laboral grave e inminente?
Según el artículo 4.4 de la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales, se considera un riesgo grave e inminente aquel que tiene una probabilidad razonable de materializarse en un daño grave para la salud o la integridad del trabajador y que puede suceder en un espacio de tiempo muy breve, si no se toman medidas.
Este tipo de riesgo se diferencia de los evaluados de forma estándar porque no permite margen de actuación prolongado. Requiere intervención inmediata, tanto por parte del trabajador como de los responsables de seguridad.
Aquí algunos ejemplos comunes de riesgo grave e inminente:
- Una atmósfera tóxica o deficiente en oxígeno no detectada a tiempo.
- Un riesgo eléctrico en una instalación activa, sin aislar.
- Trabajos en altura sin línea de vida, arnés ni protección colectiva.
- Fugas de productos químicos, derrames incontrolados, riesgo de incendio o estructuras colapsadas.
Conocer qué es un riesgo grave e inminente permite activar protocolos específicos a tiempo.
No todos los riesgos requieren la misma respuesta, pero los graves e inminentes no admiten espera: deben abordarse de inmediato.
¿Qué debe hacer un trabajador ante un riesgo grave e inminente?
La legislación es clara: el trabajador tiene derecho a interrumpir su actividad y abandonar el lugar de trabajo si considera que su integridad física o salud están en peligro por un riesgo grave e inminente. Esta facultad está recogida en el artículo 21 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.
Además:
- No podrá ser sancionado ni penalizado por ejercer este derecho.
- Está obligado a informar de inmediato a su superior jerárquico, responsable de seguridad o técnico de PRL.
- Aunque finalmente no se materialice el daño, si el riesgo era razonablemente previsible, el trabajador seguirá teniendo protección legal.
La ley protege al trabajador que actúa con responsabilidad ante un peligro evidente.
Fomentar que los empleados reconozcan y reporten estas situaciones es clave para una cultura de prevención activa.
¿Qué obligaciones tiene la empresa ante un riesgo grave e inminente?
La empresa, como responsable de la seguridad del entorno laboral, tiene varias obligaciones inmediatas cuando se identifica un riesgo de este tipo:
- Interrumpir la actividad en la zona afectada hasta que se analice y elimine el riesgo.
- Informar a todo el personal potencialmente afectado del peligro y de las medidas adoptadas.
- Activar los protocolos de emergencia en caso de que la situación lo requiera.
- Analizar la necesidad de nuevos EPI, medidas colectivas o reforzar la formación de los equipos.
- Asegurar que ningún trabajador se reincorpore a la zona afectada hasta que esté verificada como segura.
La inacción o demora por parte de la empresa ante un riesgo grave e inminente puede tener consecuencias legales y humanas muy serias.
Prever, actuar y documentar cada paso es tan importante como la propia medida correctiva.
Cómo prevenir los riesgos laborales graves e inminentes antes de que aparezcan
Aunque por definición estos riesgos son urgentes y sorpresivos, la mayoría pueden prevenirse con una buena estrategia de seguridad.
¿Cómo?
- Evaluaciones continuas de riesgos, especialmente en entornos críticos como espacios confinados, zonas en altura o áreas químicas.
- Detección de puntos vulnerables: conexiones eléctricas, estructuras inestables, máquinas en mal estado…
- Sistemas de detección temprana: medidores de gases, sensores térmicos, alarmas de sobrecarga, etc.
- Formación práctica, no solo teórica, en actuación ante emergencias.
- Simulacros reales y periódicos, revisión constante de los procedimientos y tiempos de evacuación.
Ya lo ves… la prevención es la única forma real de reducir el número de riesgos graves e inminentes.
Cuanto más se entrene el equipo y se actualicen los sistemas, menos situaciones impredecibles surgirán.
¿Qué papel juegan los EPI en la gestión de riesgos graves e inminentes?

Los Equipos de Protección Individual (EPI) son la última barrera entre el trabajador y el riesgo.
En escenarios graves e inminentes, su función es muchas veces vital para ganar tiempo, evacuar con seguridad o evitar lesiones mayores.
Vamos a ver los EPI esenciales en estos contextos:
- Equipos de Respiración Autónoma (ERA):
Imprescindibles cuando el entorno se vuelve irrespirable o contaminado (incendios, gases tóxicos, espacios confinados). - Arneses de seguridad y líneas de vida:
Especialmente en trabajos en altura donde no hay protección colectiva. También útiles para rescates. - Ropa de protección:
Ignífuga, química, térmica… Protege frente a fuego, ácidos, proyecciones o altas temperaturas. - Cascos y pantallas faciales:
Barrera física ante impacto de objetos, derrumbes, explosiones o chispas. - Detectores portátiles de gases:
Aunque no son un EPI en sentido estricto, son esenciales para evitar exposiciones invisibles pero letales. - Guantes y botas específicas:
Aislantes eléctricos, resistentes al calor o al corte, impermeables o dieléctricos. Adaptados siempre al tipo de intervención.
No todos los EPI son iguales, así que, su elección no puede dejarse al azar. En situaciones graves, contar con el equipo correcto es esencial para evitar un accidente grave o para garantizar una evacuación segura.
Los riesgos graves e inminentes no avisan, pero sí se pueden prevenir.
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