Qué es un riesgo biológico y cómo proteger a tu equipo con una estrategia de seguridad laboral eficaz

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El riesgo biológico es uno de los más invisibles, pero potencialmente más peligrosos en el entorno profesional. 

Su capacidad para generar enfermedades, interrupciones en la actividad y situaciones críticas es alta. Y su presencia es más común de lo que se cree, especialmente en sectores como la sanidad, la industria alimentaria o el tratamiento de residuos.

En este contexto, la seguridad laboral se convierte en una herramienta clave para prevenir daños, proteger al equipo y asegurar la continuidad del trabajo. 

Por eso, este artículo explora qué se considera un riesgo biológico, dónde aparece, cómo se transmite y, sobre todo, cómo protegerse de forma eficaz mediante medidas preventivas y Equipos de Protección Individual (EPI) adecuados.

¿Qué se considera un riesgo biológico en el entorno laboral?

El riesgo biológico se define como la exposición laboral a agentes biológicos que pueden causar infecciones, alergias o toxicidad

Esta definición está recogida en la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales y desarrollada específicamente en el Real Decreto 664/1997, donde se detallan tanto los agentes como los ámbitos en los que pueden estar presentes.

¿Qué tipos de agentes biológicos se incluyen?

  • Bacterias: como la Legionella o la Salmonella.
  • Virus: VIH, hepatitis B y C, gripe, COVID-19…
  • Hongos: responsables de infecciones cutáneas o respiratorias.
  • Parásitos: como la toxoplasmosis o la tenia.
  • Priones: menos comunes, pero altamente peligrosos (por ejemplo, el agente del mal de las vacas locas).

Estos agentes se clasifican en 4 grupos según su peligrosidad y capacidad de contagio, siendo el grupo 4 el más grave (altamente infeccioso y sin tratamiento eficaz conocido).

¿Dónde están presentes los riesgos biológicos?

  • Centros sanitarios y hospitales.
  • Laboratorios de microbiología.
  • Plantas de tratamiento de aguas residuales.
  • Industrias alimentarias (mataderos, procesado, conservación).
  • Limpieza industrial y urbana.
  • Granjas y explotaciones ganaderas.


Ya ves que los riesgos biológicos pueden encontrarse en múltiples sectores, no solo en hospitales. Así que, conocer su origen y naturaleza es el primer paso para diseñar una estrategia de prevención eficaz y realista.

Principales vías de exposición a agentes biológicos

La transmisión de agentes biológicos no siempre es evidente. Muchas veces, el contagio se produce de forma indirecta, silenciosa o incluso accidental, por lo que entender cómo se produce la exposición es fundamental para poder evitarla.

Las principales vías de entrada en el organismo son:

  • Inhalación de aerosoles contaminados: es la vía más común, especialmente en ambientes cerrados donde se generan gotículas invisibles (toses, procedimientos clínicos, limpieza con presión…).
  • Contacto directo con fluidos contaminados: sangre, orina, saliva, residuos biológicos.
  • Salpicaduras accidentales: en los ojos, la boca o sobre heridas en la piel.
  • Ingestión involuntaria: por contaminación cruzada o manipulación sin higiene adecuada.
  • Cortes o pinchazos con objetos contaminados: jeringas, bisturís, cristales…

Recuerda que el riesgo no está solo en los procedimientos complejos. Las tareas más rutinarias, como manipular ropa sucia, vaciar un cubo de residuos o limpiar una superficie, pueden generar exposición si no se toman las medidas adecuadas.

¿Qué sectores están más expuestos a riesgos biológicos?

Aunque todos los entornos laborales deben considerar la bioseguridad en sus protocolos, hay sectores en los que el riesgo biológico es constante, elevado y multifactorial

En ellos, los EPI y los protocolos de protección son imprescindibles para prevenir enfermedades profesionales.

Sectores con mayor exposición:

Cada sector requiere una estrategia preventiva ajustada a su realidad. Y, en ese sentido, identificar correctamente los riesgos biológicos por actividad permite seleccionar los EPI adecuados y formar al personal de forma específica.

EPI imprescindibles para protegerse frente a riesgos biológicos

El uso de Equipos de Protección Individual (EPI) es obligatorio cuando existen riesgos que no pueden eliminarse por medios técnicos o colectivos. 

En el caso de los riesgos biológicos, los EPI actúan como barrera física entre el agente patógeno y el trabajador, reduciendo de forma drástica la posibilidad de infección.

EPI básicos en entornos con exposición biológica:

  • Guantes de protección (EN 374):
    Imprescindibles para evitar el contacto directo con materiales contaminados. Deben ser resistentes a virus y bacterias, ajustarse bien y desecharse tras cada uso.
  • Mascarillas o respiradores:
    • Mascarillas quirúrgicas tipo IIR (EN 14683): bloquean salpicaduras y fluidos.
    • Mascarillas FFP2 o FFP3 (EN 149): protegen también frente a aerosoles y partículas en suspensión.
  • Gafas de protección o pantallas faciales (EN 166):
    Protegen los ojos de salpicaduras y aerosoles. En algunos sectores se requieren pantallas completas.
  • Ropa de protección (EN 14126):
    Batas, buzos, manguitos y delantales con barrera frente a agentes infecciosos. Desechables o reutilizables según protocolo.
  • Calzado lavable o cubre zapatos:
    Para evitar la contaminación cruzada a través de superficies. Debe ser cerrado, antideslizante y fácil de desinfectar.

En este punto, es importante recordar que un EPI mal seleccionado o mal usado puede dar una falsa sensación de seguridad. Por eso, es vital elegir correctamente, formar al personal y establecer rutinas claras de colocación y retirada para asegurar su efectividad.

Buenas prácticas para reducir los riesgos biológicos

Más allá de los EPI, toda empresa que enfrente riesgos biológicos debe establecer un sistema de prevención integral que incluya formación, protocolos claros y medidas de control ambiental.

Vamos a ver las medidas clave para reforzar la protección punto por punto:

  • Formación continua:
    Actualizar conocimientos sobre bioseguridad, protocolos de emergencia y manejo de EPI.
  • Protocolos de colocación y retirada de EPI:
    Especialmente en sectores como sanidad o laboratorios. Un mal procedimiento puede anular la protección.
  • Limpieza y desinfección efectiva:
    Con productos homologados, frecuencia adecuada y procedimientos definidos.
  • Ventilación correcta:
    Garantiza la renovación del aire y reduce la carga viral o bacteriana en ambientes cerrados.
  • Control médico preventivo:
    Vacunación, seguimiento de síntomas, protocolos de actuación en caso de contacto.
  • Auditorías internas:
    Permiten detectar errores, corregir rutinas peligrosas y actualizar medidas preventivas.

La prevención frente a riesgos biológicos no es una medida puntual, sino un sistema completo que debe mantenerse, auditarse y mejorarse de forma continua para proteger a los trabajadores y a la propia actividad empresarial.

Enfrentarse a un riesgo biológico sin una estrategia clara es exponerse innecesariamente. En ITURRI lo sabemos y te ayudamos a diseñar planes de protección adaptados a tu sector y a seleccionar los EPI más eficaces y cómodos para cada tipo de exposición.

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